EL MEJOR REGALO PARA EL DÍA DE LAS MADRES

En este día especial, muchas familias separadas a consecuencia de una deportación esperan con ansias la aprobación de una reforma migratoria para volver a juntarse

Las madres son quizás el pilar de una familia, y ésta a la vez es la base de la sociedad donde se determinan valores, creencias y costumbres. La familia es la matriz de identidad, donde los hijos adquieren el sentido de pertenencia y las pautas para sus relaciones con el prójimo.

Desafortunadamente muchas familias continúan desintegrándose a causa de las deportaciones. Los protagonistas son madres y padres indocumentados, forzados a dejar desamparados a sus hijos -en la mayoría niños estadounidenses-, a quienes se les desconoce el derecho a estar junto a sus progenitores en este país.

En vísperas de la celebración del Día de las Madres, una fecha especial para homenajearlas, VIDA NUEVA encontró estas historias que por ahora no han podido tener un final feliz.

DULCE MARÍA ESPERA A MAMÁ

En una cálida madruga del 22 de julio de 2005, en un rinconcito de Perry, Riverside, California, nació Dulce María. Dicen que desde el momento que vio la luz, Dulce María retrató en su rostro una sonrisa; la razón: era muy feliz al lado de su progenitora, una madre soltera salvadoreña quien con delicadeza le daba todos los cuidados que necesitaba. Por su mente inocente nunca pasaría la idea de que luego de cumplir los dos años, su sonrisa se convertiría en un gesto de dolor y tristeza al ser separada por la fuerza de su madre, el día en que varios agentes de inmigración llegaron a su pequeño apartamento y se la llevaron. El delito: no tener documentos legales para residir legalmente en Estados Unidos.

El pintor ecuatoriano, Cristóbal Ortega Maila, artista plástico nacido en Quito, y verdadero heredero de saberes ancestrales artísticos, conociendo la historia de Dulce María decide inmortalizarla en su lienzo. Al desarrollar la obra en el Sur-centro de California, Ortega se da cuenta de lo mucho que dicen los ojos de Dulce María, y recuerda: “…La pude mirar y ver reflejado en ellos el sufrimiento por no tener a la madre a su lado”.

Dulce María fue adoptada por Oswaldo Cabrera, un activista que lucha por los derechos de los inmigrantes, sobre todo por los de los niños que como Dulce María se han quedado huérfanos por las deportaciones.

Erika, madre de Dulce María, cuenta que su niña se encontraba dormida cuando llegaron los agentes de Inmigración, alguien la había denunciado y ahora la buscaban para deportarla a su país de origen. La esposaron y se la llevaron, sin darle oportunidad de decirles que ella tenía una niña que se encontraba dormida.

Algunas horas después Dulce María despertó llamando a su madre sin que ésta le respondiera, estaba sola, su madre ya no se encontraba junto a ella para alimentarla y mimarla. Escuchando el llanto de Dulce María y dándose cuenta que a la madre de la niña se la habían llevado agentes del ICE, una vecina llamó a un conocido presentador de televisión, quién inmediatamente le dio el número de teléfono de la Coalición Latinoamericana en Los Ángeles (CLI), para ver de qué forma podían hacerse cargo de la pequeña.

“Cuando recibí la llamada sentí una gran angustia por la pequeña. Aún sin conocerla no podía concebir que una bebé tan frágil estuviera desprotegida, así que ese mismo día me presenté adonde aquella vecina de Erika y recogí a Dulce María para ponerla bajo cuidado especial, no sin antes haber realizado los trámites pertinentes para conseguir que la madre de Dulce, aún detenida por Migración en Los Ángeles, me firmara un poder de custodia temporal”, testifica Cabrera.

Agrega que desde entonces Dulce María no volvió a saber de su madre, y fue llevada a una casa refugio de la CLI, donde tuvo que pasar por un proceso de adaptación.

Después de haber sufrido semejante trauma psicológico se mostraba cohibida, no quería hablar y no comió por varios días. “Luego de todos los arreglos legales, en los siguientes dos días Dulce María siguió muy triste, sosteniéndose del refrigerador del albergue, pero gracias a las terapias y al apoyo de la doctora Solórzano de la Clínica Médica San Miguel, y al amor que desbordamos en ella todos los que la conocimos y cuidamos, Dulce María hoy se comunica y socializa como una niña normal, pero continúa preguntando por su madre”, puntualiza Cabrera.

En la actualidad llama “papá” a Cabrera, de lo cual él se siente orgulloso, y es natural que lo haga pues en este tiempo ha sido para ella la figura más familiar. Pero no es suficiente, porque según nos cuenta su padre adoptivo, Dulce María clama siempre por su mamá, y en el Día de las Madres quisiera tenerla a su lado.

Mientras hacemos este reportaje en su casa en Los Ángeles, Dulce María escribe una carta orientada por su padre adoptivo, y dirigida a su madre en la que literalmente dice: “Hola mami, que daría por verte este Día de las Madres, me siento sola, triste y me pregunto cuánto tiempo tengo que esperar para verte, es larga la espera y cansado el sentir de no tenerte junto a mí. Quiero decirle al Presidente y al Congreso y a la gente que todo niño tiene el derecho de tener a su madre. Yo te daría de regalo un peluche con la figura de un monito pero blanco como la nieve.

Espero hablar contigo por teléfono y ver si te puedo traer aunque sea caminando”.

UNA FAMILIA INCOMPLETA

En época de celebraciones, la ausencia de José Luis le duele aún más a Rosa Villaruel. Ella nunca olvidará aquel agosto en que la vida de su familia cambiaría para siempre.

“Era un día domingo y mi esposo José Luis, mis cuatro hijos: Estefani, de 18 años, Eduardo, de 16, José de 13 y Ricardo de 11 aún no nos levantábamos de la cama, pero cuando el reloj marcaba las 8:00 de la mañana, dos hombres uniformados tocaron a la puerta y al abrir eran agentes del Sheriff. Con una fotografía de mi esposo preguntaron por él. “Vi a mi esposo confundido, pero decidió salir. Estando afuera le rodearon unos ocho hombres con pistola en mano como si se tratara de un criminal; le dijeron que estaba arrestado. Se lo llevaron, y a los pocos días de estar en la cárcel lo remitieron a las cárceles de Migración. Pienso que hubo alguien que lo denunció al Departamento de Migración porque los agentes del Sheriff fueron directamente a llevárselo”, cuenta Rosa.

Estuvo detenido por varios días y posteriormente le pusieron una fianza de 15 mil dólares para dejarlo en libertad. “Como yo no tenía el dinero, me dijeron que si alguien de la familia tenía una casa podían ponerla como garantía y pagar en efectivo solamente 1,500 dólares. No encontré a nadie que me ayudara con las escrituras de su casa, tampoco para obtener el dinero en efectivo, ni siquiera para contratar los servicios de un abogado, de manera que se quedó detenido, hasta el día de hoy que cumple ocho meses de estar en la cárcel”.

José Luis era el único que sostenía económicamente a la familia. “Moral y psicológicamente estamos destrozados porque los más pequeños de mis hijos no tienen ánimos ni siquiera de hacer sus tareas de la escuela; siempre andan de mal humor. La vez pasada uno de mis hijos me dijo que ya su vida sin su papá no tenía sentido, de manera que había decidido no asistir a la escuela”.

Para poder sobrevivir, Rosa ha tenido que vender cosas que con mucho esfuerzo habían adquirido; a los gastos diarios se le suman los de asistir a las cortes con la esperanza que lo dejen libre y reunirse nuevamente como familia.

“Hasta hoy hemos tratado de vivir una vida normal pero ha sido imposible, mis hijos Eduardo y Estefani han buscado trabajo y no lo han encontrado, y yo no he podido tener un empleo estable debido a que no tengo documentos para trabajar, a pesar de que tengo 18 años en Estados Unidos. Temo que vayan a deportar a mi esposo porque la jueza no nos da esperanza, al contrario, nos ha dicho que mi esposo será deportado y que no le importa lo que le pueda suceder a mi familia. En cierta ocasión nos dijo: ‘No serán los primeros ni los últimos hijos que se queden sin papá’”.

Rosa dice que la posibilidad de una Reforma Migratoria ha despertado alguna esperanza para ellos. “En realidad siento que sería un buen regalo para todas las madres que sufrimos la desintegración de la familia por las amenazas de deportación. Tengo esperanzas de que mi esposo salga libre y a la vez pueda legalizarse. He pedido ayuda a La Voz del Inmigrante y rezo cada día a la Virgencita de Guadalupe, para que el milagro de la Reforma Migratoria pueda aprobarse pronto. Ése sería mi mejor regalo para el Día de las Madres”. VN

ORGANIZACIONES QUE PUEDEN AYUDAR EN CASO DE DEPORTACIÓN

CHIRLA

2533 W. 3rd St., Ste. 101, Los Ángeles, CA 90057
(213) 353-1789

LA VOZ DEL INMIGRANTE

(323) 983-0400 ó (323) 773-0400

CARECEN

2845 West 7th. Street- Los Ángeles, CA 90005
(213) 385-7800
info@carecen-la.or

HERMANDAD MEXICANA

Oficina Nacional: 611 Civic Center Drive West Santa Ana, CA 92701
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