La estupidez de los algoritmos

La estupidez de los algoritmos

Por: Oscar A. Müller C.

En la pantalla de mi teléfono móvil, las cosas que aparecían, en su mayoría, llamaban mi atención. Así, por ejemplo, había distraído mi atención en un video donde se asaba carne y con los días me aparecían multitud de vistas sobre ese tema. En música, es algo similar: un grupo de rock de jóvenes que cubren música de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, ahora me aparece continuamente y, la verdad, no me disgusta, pues su música es bastante buena, a pesar de ser solo tres integrantes. Ni qué decir sobre los sitios de compras, que nos bombardean con publicidad sobre nuestras preferencias.

Esto lo hace INTERNET a través de lo que se conoce como algoritmos, que son formas o secuencias de pasos que permiten, pudiera decirse, leer nuestra mente con base en la actuación que realizamos al navegar en la red. ¿Cómo funciona? no lo sé. Mis conocimientos no dan para tanto, pero definitivamente cumple con su función y es una experiencia que seguramente mi lector ya la ha tenido y estoy cierto de que, en más de una ocasión, le ha asombrado.

Es tal el grado que absorbe la mente ese fenómeno, que la gente pierde la noción del lugar y momento por estar embebida en la pantalla del móvil, de tal medida que continuamente vemos personas caminando en lugares públicos con la vista fija en ese pequeño aparato, a quienes uno tiene que esquivar por la distracción que les causan los algoritmos.

En mi anterior aportación escribí sobre la teoría de la estupidez de Bonhoeffer que se gestó con motivo del análisis de cómo un pueblo culto como el alemán, se vio envuelto en una tormenta de exaltación por un líder y su ideología, lo que le llevó a su caída estrepitosa en la primera mitad del siglo pasado.

La cuestión que surge es: ¿la tecnología actual nos está llevando a un camino similar a este fenómeno calificado como estupidez común?

Hay mucha similitud entre la situación actual de los algoritmos y la falta de conciencia de los alemanes descrita por Bonhoeffer: mientras el líder asciende, el entorno se vuelve dogmático y autoritario y bajo esta mira, el juicio crítico empieza a ser castigado o visto como traición; las personas dejan de cuestionar para evitar el conflicto o por fascinación y se acepta la "verdad oficial" aunque contradiga la realidad evidente y el individuo deja de ser tal, para convertirse en un instrumento del grupo, perdiendo la capacidad de empatía independiente y de disidencia.

El fenómeno del algoritmo tiene gran semejanza con esa estupidez, pues la voluntad se anula, dado que el convencimiento no brota de razones, sino que secuestra tu mente a través de aquello que te agrada y que ahora es conocido por esa mente informática que, al darte solo aquello en lo que estás inclinado, anula la necesidad de pensar y cuestionar, volviéndote un autómata.

Las consignas que eliminaron la voluntad del pueblo alemán, ahora son las repeticiones de lo que queremos ver, que emergen en la pantalla y la interacción ya no se da entre las personas sino entre el individuo cautivo y los algoritmos que le apresan.

La cura de Bonhoeffer a la estupidez, se puede aplicar a la enajenación de los algoritmos, esta deriva en el silencio y desconexión para recuperar el espacio del pensamiento propio, fuera del ruido mental de las imágenes de la pantalla; la responsabilidad individual derivada de asumir que cada acto de adhesión (cada click) tiene un trasfondo ético del que se es responsable, no un simple impulso de seguir en lo que se me ofrece y el atender al otro rompiendo el hechizo a través de la conciencia que hay otras opciones.

Qué buenos tiempos aquellos en que no llevábamos una pantalla en el bolsillo, porque ahora: ¡qué difícil es separarse de esta, qué difícil no ser un estúpido informático¡

Oscar Müller Creel

Oscar Müller Creel