LOS CATÓLICOS DEFENDEMOS LA VIDA

Uno de los temas más controvertidos de nuestro tiempo es la defensa de la vida humana. Aunque debiera ser algo aceptado por todos, la realidad es que por ignorancia o por la influencia de ideologías extremadamente liberales, millones de personas no creen que defender la vida humana es su responsabilidad.

Desde mi experiencia como educador y leyendo las estadísticas de California puedo decirles que la mayoría de los jóvenes, sin importar religión o condición social apoyan que la mujer tiene el derecho a abortar, al menos en ciertas circunstancias. La responsabilidad de haber llegado a esta situación recae sobre los padres de familia y educadores que no hemos sabido presentar los valores como algo que verdaderamente fundamenta y da solidez a la convivencia social.

Siguiendo las enseñanzas de nuestros Obispos católicos quiero presentar aunque sea muy brevemente los argumentos en los que se basa nuestra convicción de que toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural es sagrada y debe ser protegida y respetada. Reitero, no basta con defender el derecho a la vida del bebé no nacido, sino que es nuestra responsabilidad defender toda vida humana porque sólo así adquiere coherencia nuestro discurso y por lo tanto mayor credibilidad.

Voy a presentar algunos criterios tomados de la Sagrada Escritura y de las enseñanzas de la Iglesia para fundamentar la responsabilidad compartida que tenemos de defender la vida humana. Más adelante señalaré aunque sea muy brevemente los criterios éticos para tratar el tema del aborto. Ojalá que este artículo provoque que parroquias y otras organizaciones católicas ofrezcan talleres de formación e información sobre estos temas en este Año de la Fe.

LA TRADICIÓN BÍBLICA DEL ANTIGUO TESTAMENTO

• Los judíos, musulmanes y cristianos confiesan que Dios no quiere que nadie tome la vida de su hermano. La narración de la creación de Adán y Eva establece vínculos de fraternidad entre todos los pueblos con el fin de evitar la muerte del hermano. La protección que Dios le da a Caín para que no lo asesinen por el crimen contra su hermano Abel, nos muestra que Dios no acepta la venganza.

Dios no aprueba la muerte del asesino, tampoco aprobó la muerte violenta de Abel.

• El sacrificio de Abraham en el que iba a matar a su propio hijo como prueba de fe, no se lleva a cabo porque Dios no quiere sangre humana para ningún tipo de rito. Dios quiere que el ser humano, sin ofrecer ningún sacrificio humano, sea fiel…

• El mandamiento “No matarás” establece una orden divina, que garantiza la sana convivencia en la comunidad, pero sobre todo deja claro que sólo Dios es el dueño de la vida (Éxodo 20: 1-3).

• Los profetas proclamaron que Dios es dueño de la vida, incluso del no nacido. “El Señor me llamó desde el seno materno” (Isaías 49:

1). “Antes de formarte en el vientre te conocí” (Jeremías 1: 5).

• Existía la Ley del Talión “ojo por ojo, diente por diente, vida por vida”, que en el fondo, tenía el propósito de limitar las represalias en esas culturas nómadas. Pero aún esa ley tenía su contraparte religiosa. Si un perseguido por crimen de muerte se refugiaba en un altar, entonces no podía ser asesinado.

EL MENSAJE DE JESÚS

• Jesús no se conformó con repetir la ley de Moisés, sino que superando la rigidez de la ley propuso ideales muy superiores al legalismo judío. Jesús no sólo dice “no matarás”, sino que desentraña las raíces de la cólera, de manera que pide que ni siquiera el enojo exista entre los hermanos (Mt 5: 21-22).

• Esta nueva ley que regula la vida de la comunidad es además una norma litúrgica. “Si estando en la asamblea, te acuerdas que tienes problemas con tu hermano, deja tu ofrenda, reconcíliate con tu hermano y entonces sí podrás presentar su ofrenda” (Mt 5: 23-24).

• Jesús curó a muchos enfermos y resucitó a algunos muertos como signo de la llegada del Reino. El Dios de la vida preside la nueva era que empieza con la llegada de Jesús.

• En Juan 19: 10–11 se nos narra la escena en que Pilato le dice a Jesús: “¿Es que no sabes que yo tengo autoridad tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te crucifiquen?”. A lo que Jesús respondió que no tendría poder si no se le hubiera dado de lo alto. Sólo Dios es el dueño de la vida.

• Todos los textos de la Resurrección nos hablan de Jesús como el Señor de la vida, que ofrece esa misma vida a todos los que creen en él.
El Catecismo de la Iglesia nos enseña:

“La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (2258)

RECAPITULANDO PODEMOS SEÑALAR QUE LA SAGRADA ESCRITURA Y EL CATECISMO DE LA IGLESIA NOS ENSEÑANZA QUE

• La vida humana tiene su origen en Dios y su finalidad es Dios mismo.

• Fuimos creados para la eternidad, para estar con Dios. Nada ni nadie tiene el derecho de cambiar esa voluntad divina.

• Rechazamos los atentados contra la vida -toda forma de genocidio, los abortos, la eutanasia, el suicidio, las guerras injustas, desprecio hacia los inmigrantes- con toda la fuerza de nuestra razón y fe.

• El respeto a la vida incluye el esfuerzo personal y social para procurar que ésta se realice humanamente en todas sus potencialidades.

• Los responsables del gobierno, de los negocios, del cuidado de la salud, de las organizaciones sociales, deben garantizar que todo ser humano tenga las condiciones de vida que le permitan su desarrollo integral: en la educación, en la salud, en las relaciones humanas, en la libertad.

• Nosotros valoramos la Vida, la Muerte y la Resurrección de Cristo como el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. En ese acontecimiento Cristo ganó una vida nueva y gloriosa para la humanidad. Esta vida la hacemos nuestra en nuestro Bautismo, de manera que quedamos marcados para ser de Dios en Cristo. No podemos hacer inútil lo que Cristo hizo por nosotros.

EL ABORTO

El aborto es un tema que despierta muchas pasiones y opiniones diversas y adversas. Incluso, a pesar de que la doctrina de la Iglesia católica está claramente definida en contra del aborto, algunos católicos -y cristianos de diversas confesiones- lo justifican y aceptan que se practique.

En el mundo de la política hay muchos defensores del aborto. Lo llaman “interrupción voluntaria del embarazo” para evitar las connotaciones negativas de la palabra. Incluso, algunos lo consideran un “derecho humano”, hasta el punto que una menor de edad pueda abortar sin informar a sus padres.

Para suavizar el tema, se han utilizado ciertos conceptos que pretenden negar que el aborto es un atentado contra la vida, como por ejemplo, cuando se habla de “libertad de elección” como si el cuerpo del feto fuera una parte accesoria del cuerpo de la mujer.

Los motivos más frecuentes para justificar un aborto los podemos dividir en los siguientes:

• ABORTO TERAPÉUTICO: Cuando está en riesgo la vida de la madre.

• ABORTO EUGENÉSICO: Cuando se invoca el riesgo a que el bebé pueda nacer con defectos congénitos, como el caso de Síndrome Down, hidrocefalia, etc.

• ABORTOS “HUMANITARIOS”: Cuando el embarazo fue causado por una acción delictiva, como la violación o las relaciones sexuales incestuosas (papás, hermanos).

• ABORTOS DE TIPO “PSICOSOCIAL”: Cuando el embarazo afecta a la mujer de manera personal, como sería un embarazo fuera del matrimonio, o de una mujer soltera o incluso por problemas económicos.

EL CATECISMO DE LA IGLESIA NOS ENSEÑA:

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. (2270)

Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano (2274)

Desde la doctrina de la Iglesia afirmamos en relación al aborto en primer lugar, que debemos respetar, comprender y ayudar en todo lo que sea posible, a las mujeres que han tenido que atravesar por la terrible experiencia del aborto, ya que esto es un deber humano obligatorio. Nunca podremos hacerle daño a una persona a causa de nuestros criterios éticos. Estamos en contra del pecado pero no en contra del pecador. Así lo han repetido los grandes maestros de la moral a lo largo de la historia. “Proyecto Raquel” y otras iniciativas diocesanas para acompañar a mujeres en esta situación es un servicio necesario en nuestras parroquias.

En segundo lugar, afirmamos que un acto es inmoral, cuando quien lo comete tiene el conocimiento, la lucidez, voluntad y firme decisión de hacerlo, a pesar de que es malo. Hay actos que son malos pero no hay una responsabilidad personal porque no se dieron las condiciones antes mencionadas. Esto no justifica las acciones malas, pero sin estos criterios no podríamos identificar la responsabilidad de ninguna acción humana. Al final de cuentas, la claridad de los criterios éticos entorno a la defensa de la vida no debe opacar la misericordia, caridad y el amor que la Iglesia expresa contra quien ha faltado a la Ley Divina muchas veces sin ser consciente de ello.
En tercer lugar, la obligación ética de los profesionales y las instituciones dedicadas a la medicina debe ser siempre la defensa de la vida humana.

Con estos criterios básicos podemos centrar nuestra atención en los casos mencionados en el apartado anterior.

Frente al llamado “aborto terapéutico”, la moral cristiana siempre ha defendido que es lícito salvar la vida de la madre aunque sin pretenderlo pudiera resultar en la muerte del feto, pues siempre hay que tratar de salvar las dos vidas. Este es un conflicto de valores en el que se elige la situación menos mala. Esto es cada vez menos frecuente por los avances de la ciencia, pero es importante aclarar que en ningún caso se justifica un aborto directo, es decir, que es inmoral la acción directa de matar al feto.

Frente al “aborto eugenésico” la Iglesia defiende el valor sagrado de la vida humana. El feto enfermo es una vida humana que merece respeto y cuidado. Miles de personas no habrían nacido si su madre hubiera decidido que no nacieran cuando vio que existía la posibilidad de una enfermedad congénita.

Aborto “humanitario”. Después de un acto criminal como la violación, algunos encuentran que se justifica un aborto, pero esto no es moralmente aceptable. El trauma de una violación es sumamente grande y requiere atención psicológica, médica y espiritual. Es un acto violento que no se puede sanar con más violencia. El aborto genera nuevos sentimientos de culpa y profundiza el sentimiento de infravaloración en que la mujer violada se encuentra. Se deben buscar otras soluciones, como por ejemplo, la adopción y por supuesto el acompañamiento legal y espiritual a la víctima. Pero realmente debemos activamente como sociedad y comunidad de fe ofrecer el apoyo que estas situaciones requieren.

Los llamados abortos de tipo “psicosocial”, que son los más frecuentes, no tienen una justificación ética, porque en realidad el aborto se utiliza como un medio anticonceptivo. El aborto es un acto grave, es un pecado que aleja al cristiano de la gracia, por lo tanto no puede ser utilizado sólo para espaciar los embarazos.

Muchos están a favor del aborto porque consideran que al defender los derechos del no nacido, la Iglesia se opone a la libertad de la mujer, pero en realidad la Iglesia defiende a la mujer y su dignidad cuando se defiende la vida en general y en especial la vida del no nacido.

La defensa de la vida está íntimamente ligada a la formación de la conciencia de los jóvenes, la incidencia de los abortos bajaría notablemente si educáramos sin tapujos en la teología del cuerpo y ayudáramos a entender a nuestros jóvenes su propia sexualidad. Seguir viendo el sexo como un tema intocable en familia o en la Catequesis seguirá trayendo como consecuencia embarazos no deseados y abortos sin el conocimiento de los padres.

CONCLUSIÓN

El espacio es muy breve para un tema tan amplio y tan importante en la formación de las conciencias, pero aquí afirmamos con rotunda certeza que el desprecio a la vida humana en cualquiera de sus formas repercute en la degradación moral de una sociedad. La muerte acecha en sociedades que han perdido el respeto a la vida pues se modifica la cultura, es decir las formas y las normas de convivencia social. La ley positiva debe ser la expresión de lo que las personas aceptan en su corazón para orientar su conducta. Si la ley positiva permite tomar la vida de un ser humano entonces estamos justificando cualquier atentado a la vida humana en general. No nos asustemos de las matanzas en las escuelas que han sucedido en los últimos meses, esta es una expresión más de la cultura de la muerte que empieza a formar parte de la conciencia social.

El Concilio Vaticano II expresó claramente que la vocación de los laicos es trasformar las estructuras sociales, o sea las leyes, las instituciones, las formas de gobierno para que defiendan los valores morales básicos que nos enseño el Señor cuando predicó el Reino de Dios. Hoy nuestra misión es trabajar para que nadie ni siquiera se plantee la posibilidad de un aborto, para que nadie se aferre a que la sociedad debe castigar con la pena de muerte, a que nadie ni siquiera se le ocurra que hay que acelerar la muerte de los enfermos en situaciones extremas. Si trabajamos todos allí donde estamos en defender la cultura de la vida, las leyes van a cambiar, pero sobretodo la conciencia social de que Dios es el autor y Señor de la vida. VN
Dr. José Antonio Medina
(562) 619-0898
amedina@liguori.org

El Dr. José Antonio Medina estará en el puesto de Liguori Publications en el Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles, en Anaheim, California, del 22 al 24 de febrero.

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