Parvenu o “El que nunca tuvo y llega a tener…”
Por: Oscar Müller C.
Cuenta la fábula que una liebre corría desesperada, tratando de escapar del acoso del águila y, en su fuga, se encontró con un escarabajo, a quien le pidió que le ayudara. Al llegar el águila, el escarabajo le suplicó que dejara ir a la liebre; el ave no hizo caso del pequeño animal y devoró su presa. El insecto, buscando vengarse, espiaba al águila y cuando esta ponía sus huevos, sin que se diera cuenta, el escarabajo los hacía rodar fuera del nido hasta que se estrellaban. El ave acudió ante el dios Zeus y le pidió un lugar seguro para guardar sus huevos, a lo que la divinidad accedió prestando su propio regazo. El escarabajo hizo una bola de excremento y, volando, la arrojó en el regazo del dios, este se levantó y sacudió su vestidura, y los huevos del águila cayeron y se rompieron.
Es la fábula del pensador griego Esopo, que nos hace ver que no hay nadie tan pequeño que no pueda dañarte ni tan grande que no pueda ser dañado; es decir, un mensaje de humildad y sencillez hacia los demás.
Parvenu es el término francés que se utiliza para describir a alguien que ha subido rápidamente de nivel social o económico, pero que no encaja o carece de la cultura y el refinamiento esperados.
Es una transformación que sufre la persona a la que también se describe con la expresión: “nuevo rico”, que en realidad no se refiere a la riqueza sino a la falta de costumbre ante el poder o la abundancia.
Cuando alguien que siempre tuvo poco y de pronto tiene mucho, la vanidad no suele nacer de la maldad, sino de la “inseguridad”. Para esta persona, es necesario que quienes le rodean vean lo que tiene para convencerse a sí mismo de que ya no tiene las carencias de antes.
Otra fábula que nos describe esto es la del ratón que se convirtió en león y que, ante la necesidad de aceptación, caminaba moviendo la hierba y rugiendo ferozmente para que los demás notaran su presencia. Un hombre sabio se le acercó y le dijo: “Llevas piel de león, pero no has dejado de tener el temeroso corazón de un ratón. Tu rugido no expresa valentía sino el miedo de que los demás te vuelvan a ver pequeño”.
Otra anécdota es la de aquel hombre que, de la noche a la mañana, se hizo de una gran fortuna. Se mandó construir una lujosa casa, con grandes espejos en todos los cuartos. Cuando le preguntaron ¿por qué? Respondió que adonde fuese pudiera ver que se había convertido en un hombre importante.
La vanidad del que sube rápido solo tiene parangón con el temor de volver a caer y quienes tienen este síndrome presentan una serie de características: el exceso de signos, que se refleja en la necesidad que su éxito sea visual, no basta con tener un reloj, tiene que ser el más caro; el olvido, rápidamente alejan de su pensamiento a aquellos que le ayudaron o acompañaron cuando estaba en la escasez, pues reconocer el pasado les avergüenza y, el maltrato hacia los demás, suele ser una señal muy clara del “nuevo rico” , pues quien ha tenido suele ser respetuoso hacia quienes le rodean y le sirven, pero el que viene de la insolvencia moral y material, suele pisotear a quienes considera no se encuentran en su nivel y procurar que los demás se den cuenta para demostrar su poder, sin darse cuenta que lo que enseñan es su pobreza como persona.
Si ahora mi apreciado lector ha identificado a los parvenus con una multitud de personajes de la cuarta transformación, no se equivoca: relojes, bolsos, vestidos, trajes, viajes en primera clase, mansiones y cuánta más exhibición.
Por cierto, me pregunto si ahora que fue el señor presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, a Chiapas, llevó limpios los zapatos Ferragamo de 17000 pesos que acostumbra a usar o habrá humillado a sus subordinados, haciendo que los limpien.
Ese señor es en cuyas manos está el destino de nuestros derechos, como la libertad, el pensamiento, nuestra integridad física y nuestro patrimonio.
¿Tendrá calidad moral para eso?




























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