México, donde se ahorca a los valientes
Por: Oscar Müller C.
Había llegado desde las 8 de la mañana y ya pasaban las 7 de la tarde; en el local del juzgado se encontraban solo él y dos secretarios proyectistas que, en sus propios cubículos trataban de ponerse lo más al día posible, labor titánica pues el trabajo nunca falta, por el contrario, con el paso de los meses cada día eran turnados más casos de los que podían sacar; esa función de administrar justicia era como la tela de Penélope que tejía durante el día y era destejida en la noche.
En sus manos, el juez tenía la demanda donde se impugnaba de inconstitucional la reforma que había presentado la presidencia al Congreso y la aprobación de este; un cambio radical para el sistema de justicia, con el que se pretendía “democratizar la justicia y acercar esta al pueblo”.
Sabía que la decisión que tomaría le acarrearía persecución y ataques personales, pero, en su criterio, como juzgador y como hombre de justicia, debía prevalecer frente a sus propios temores y dió entrada a la demanda de amparo que impugnaba la constitucionalidad de la propia reforma judicial y ordenó que se suspendiera su implementación hasta no estudiar en forma definitiva si esta reforma no implicaba un ataque directo a la Constitución.
Ningún caso hicieron las autoridades encargadas de implementar la reforma, la orden del juez no tuvo más valor que un puñado de arena lo tiene en el desierto.
Es el caso de los jueces Sergio Santamaría y Gabriela Ruiz, quienes tuvieron la valentía de emitir órdenes para que la Reforma Judicial se suspendiera, lo que no gustó a la gente del poder en México y arbitrariamente, han abierto carpetas de investigación en su contra, acusándoles de haber cometido delitos contra la administración de justicia y abuso de poder.
Pero los jueces han impulsado su defensa y no en tribunales mexicanos, donde difícilmente podrían encontrar imparcialidad en juzgadores que han llegado a su puesto gracias a un proceso arreglado que impide la existencia de jueces libres e independientes, se vieron en la necesidad de buscar justicia fuera del país, ante los organismos internacionales, concretamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Los jueces no están solos, diversas organizaciones los respaldan en su lucha, el Instituto Federal de la Defensoría Pública, la Barra de Abogados de Nueva York y Cyrus Vance Center por la Justicia Internacional, han mostrado apoyo a los jueces mexicanos, argumentando que la persecución penal a la que son sujetos, violenta el Principio de Independencia Judicial.
Para el ciudadano de calle poco o nada debe importarle este principio, pues solo un pequeño número de personas tendrán que relacionarse con el sistema de justicia durante su vida, pero tiene una vital importancia para la preservación del orden social.
La humanidad solo puede existir si está organizada en sociedad, un ser humano solo frente a la naturaleza, poco duraría vivo, pero cuando las personas se unen, subsisten gracias a la fuerza que les da esa unión. Pero esto solo puede lograrse cuando la conducta de los demás sea previsible, es decir, que uno pueda predecir con cierto grado de seguridad, cuál va a ser la conducta de aquellos con quienes convive.
Para que exista previsibilidad, deben existir pautas que indiquen cuál es la conducta por seguir en ciertas circunstancias, estas pautas, cuando adquieren alto nivel de importancia para la convivencia, son elevadas a norma de derecho, comúnmente conocidas como leyes.
En pocas ocasiones la validez o aplicación de la ley es controvertida y, cuando esto sucede, entra en juego el sistema de justicia, que tiene como principal función establecer cuál interpretación debe subsistir en caso de conflicto.
Es aquí cuando cobra importancia la Independencia Judicial, que implica que el juez resuelva los conflictos con base en dos parámetros: lo que se probó ante él y la ley emitida previa al conflicto.
La resolución que emita un juez con base en su independencia debe ser objeto de respeto y si se comete un error, el propio sistema permite recursos que analicen esa situación.
Con base en lo anterior, podrá mi estimado lector percatarse de que la persecución de la fiscalía en contra de los jueces, atenta directamente contra la independencia judicial, y que en el México de hoy pensar distinto de quienes ahora detentan el poder, puede implicar la cárcel.
































Redes Sociales