vida nueva

CORRER SOBRE LAS HUELLAS DE LOS SANTOS: SACERDOTE PARAGUAYO REPRESENTÓ AL VATICANO EN LA MARATÓN DE ROMA

Padre Hugo Sosa en la Maratón de Roma | Crédito: Cortesía P. Hugo Sosa

Por JULIETA VILLAR

“La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo” es la frase de San Ireneo de Lyon que se le viene a la mente al sacerdote paraguayo Hugo Ricardo Sosa cada vez que sale a correr, el momento donde su cuerpo, mente y espíritu se conectan. Tras haber sido parte del equipo Athletica Vaticana en la última Maratón de Roma, reflexiona sobre las conexiones entre el deporte y la vida espiritual.

El sacerdote de 45 años es oriundo de Yuty, departamento de Caazapá (Paraguay), y desde hace 16 años es miembro de la Congregación de la Misión —Misioneros Vicentinos—, fundada por San Vicente de Paúl en Francia en el siglo XVII.

Actualmente, cursa el Doctorado en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia Gregoriana y es responsable de una comunidad en la Rectoría de San Silvestro al Quirinale, donde hay siete vicentinos de diferentes partes del mundo: India, Vietnam, Senegal, Kenia, Tanzania, El Salvador y Paraguay.

GRACIAS AL RUNNING ME SALVÉ DE LA MEDICINA 

El running llegó a su vida por recomendación médica, recuerda en diálogo con ACI Prensa. Mientras se desempeñaba al frente de un colegio en Buenos Aires, complicaciones derivadas de la gestión educativa repercutieron en su salud y, para evitar tomar medicación, optó por la alternativa propuesta por su médico: unirse a un grupo de running.

 

Gracias a eso “me salvé de la medicina”, recuerda el P. Hugo quien, al ver que los resultados fueron buenos, incorporó a su vida esta práctica deportiva, y comenzó a su vez a participar de carreras de distintas distancias. Sus primeros 42.195 kilómetros —la distancia de una maratón — los realizó en Asunción, la capital de su país, y las dos últimas maratones las corrió en la “ciudad eterna”.

Al correr la maratón de Roma, distintas sensaciones lo invadieron: la primera, mucha gratitud. “La dicha de tener tiempo libre para poder correr, me hace pensar inmediatamente en mis hermanos de comunidad, que cuando hay alguna carrera siempre se disponen a cubrirme en mis responsabilidades pastorales”.

CORRER SOBRE LAS HUELLAS DE LOS SANTOS 

Por otro lado, experimentó “la alegría de poder correr por lugares con una historia universal y cristiana tan rica”.

En ese sentido, reflexionó sobre tantas personas santas que llegaron a Roma “como meta o inicio de sus ‘carreras de fe’”, lo que “me hace sentir que corro sobre las huellas de esas personas que han sabido buscar y encontrar a Dios por las calles de Roma, en sus historias y en su gente”, asegura.

El sacerdote considera que se puede trazar un paralelismo entre el running y la vida de fe: “La maratón es una carrera de resistencia, y la vida espiritual también lo es”, compara.

“Hay días en que es más fácil entrenar y hay días en que no. De la misma manera, en la vida espiritual hay días en que tal vez falta la motivación, pero igual es necesario mantener esa práctica espiritual, porque reconocemos en ella un bien y la fuente de todo bien: el encuentro con Dios, que nutre todos nuestros demás encuentros”, destaca.

CUERPO, MENTE Y ESPÍRITU CONECTADOS CON LA FUENTE DE LA VIDA 

Asimismo, considera que el entrenamiento es muy propicio para la oración: “Es ahí cuando puedo conectarme con ese Dios en ‘quien vivimos, nos movemos y existimos’”, afirma, citando los Hechos de los Apóstoles. “Es en el movimiento donde encuentro un espacio de quietud que conecta cuerpo, mente y espíritu con la fuente de la vida”, sintetiza.

Al correr, cobra sentido la frase de san Ireneo de Lyon: ”La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo”, admite el P. Hugo y añade una cita de San Vicente de Paúl, fundador de su comunidad: “El amor es inventivo hasta el infinito”.

“Si bien cuando San Vicente dijo esta frase se refería a la Eucaristía —porque él afirmaba que la Eucaristía es la expresión más bella del amor creativo, de ese Dios que quiso quedarse para siempre con nosotros en un pedazo de pan—, yo también lo amplío en el sentido de que todo lo que hacemos y lo que somos puede ser un espacio creativo y abierto para encontrarnos con Dios. Y desde ahí, vivir el encuentro con los hermanos, especialmente con los más pobres”, reflexiona.

UNA HERMOSA COMUNIÓN DE LOS SANTOS 

Para la última maratón, reconoce el sacerdote, “venía un poco complicado, porque la edad no viene sola y tengo dos hernias de disco”, por lo que tenía algunos dolores.

“El día de la carrera, del kilómetro 34 en adelante me costó muchísimo, pero me puse a pensar que faltaba poco y que había que poner fuerza de voluntad”, relata.

Fue en ese momento donde pudo vivir “una hermosa comunión de los santos”, asegura. “Hace un poco más de un año mi madre se nos adelantó al Cielo, y en esos últimos kilómetros la sentí como si estuviera corriendo conmigo. Mamá tenía una sonrisa muy especial, y sentí que en esos últimos kilómetros ella corría y se reía a mi lado; fue como si el dolor y el cansancio quedaran atrás”, revela.

La experiencia de ser parte de Athletica Vaticana representando a Paraguay, también lo conecta con sus raíces, reconoce el sacerdote. “Paraguay es un país muy religioso, respiramos religiosidad en tantas cosas sencillas y cotidianas”, describe.

“La rica tradición religiosa de Paraguay es fruto de un encuentro evangelizador muy fructífero; cuando los misioneros llevaron la Buena Noticia de Jesucristo al Paraguay, surgió allí un sentido religioso que lo permea todo de Dios”.

Por eso, “correr en la Athletica Vaticana es como unir ese sentimiento religioso propio de mis raíces guaraníes con lo institucional”, asegura.

“Ciertamente hay aún muchos desafíos de evangelizar, de una nueva evangelización, pero tenemos una rica historia con la que podamos seguir nutriendo nuestra misión evangelizadora”, concluye. VN

Salir de la versión móvil