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TRES PEQUEÑAS RESOLUCIONES PARA EL AÑO NUEVO

Por Monseñor JOSÉ H. GOMEZ,
Arzobispo de Los Ángeles

27 de diciembre de 2013

Espero que todos ustedes hayan tenido una feliz Navidad en compañía de sus familias y amistades.

Me gusta mucho esta temporada de Navidad, porque todo el mundo parece tener un nuevo sentido de que Dios nos ha dado grandes posibilidades para nuestras vidas. ¡Y esto es verdad! Ésta es la hermosa realidad de la Navidad. Jesús viene a estar con nosotros por su profundo y personal amor por cada uno de nosotros.

Así que hacer resoluciones de Año Nuevo es un hábito profundamente cristiano. Refleja un hermoso deseo de crecer en la amistad con Jesucristo. Y refleja nuestra conciencia de que no somos todavía el pueblo que Dios quiere que seamos.

Sabemos que con la gracia y ayuda de Dios, todas las cosas son posibles. En este espíritu, quiero sugerir tres resoluciones para todos nosotros, para este año que viene.

Resolución 1: Colocar a Jesús en el centro de nuestras vidas

Hagámoslo verdaderamente este año. Despertemos cada mañana con nuestra mente puesta en Jesús y vayámonos a dormir cada noche con nuestra mente puesta en Jesús.

Jesús quiere ser nuestro amigo, nuestro hermano. Empecemos realmente a relacionarnos con él como nuestro hermano. Él comparte nuestra naturaleza humana. Él es como nosotros en todo, menos en el pecado. Tenemos que aprender de sus palabras y de su ejemplo.
Una manera práctica de crecer en nuestra amistad con Jesús es tratar de encontrar el tiempo de leer los Evangelios, es decir, la vida de Jesús.

Aparten unos cuantos minutos cada día para leer un pasaje de los Evangelios. Usen tal vez la lectura del Evangelio que la Iglesia propone para la Misa diaria. Empiecen siempre haciendo una sencilla oración de corazón que los ponga en la presencia de Dios.

Pídanle a Jesús que abra su Palabra para ustedes. No se pregunten lo que el pasaje del Evangelio dice “en general”, o lo que podría significar para otras personas. Pregúntenle personalmente a Jesús: “Señor, ¿qué me estás diciendo a mí? ¿Qué quieres que yo haga? “¿Qué debo cambiar en mi vida si quiero seguirte más de cerca?”.

Traten de llevar ese pasaje del Evangelio con ustedes durante todo el día, reflexionando acerca de él. Éste es el comienzo de nuestro caminar con Jesús en la vida cotidiana. De este modo, empezamos a ver nuestras vidas como él las ve desde su perspectiva.

Resolución 2: Mejorar la vida de los demás

El plan de Dios para nuestras vidas es sencillo y hermoso. Él quiere que recibamos su amor en Jesús y que compartamos ese amor con los demás. Por medio de nuestro amor cambiamos el mundo. Lo hacemos parecerse más al cielo. Y nuestro propio camino al cielo está empedrado de nuestros pequeños actos de amor, caridad y bondad.

Hemos de tener diariamente una intención positiva de servir, de mejorar la vida de alguien. El amor empieza con aquellos que nos exigen más cosas, con los que representan un reto para nuestro egoísmo.

Eso significa que el amor empieza con aquellos que están más cercanos a nosotros, en nuestros hogares, en los lugares en los que trabajamos o a donde vamos a la escuela.

En términos prácticos, tenemos que tener más paciencia, más comprensión con las personas que forman parte de nuestras vidas. Concedámosle a los demás el beneficio de la duda, aceptemos a las personas tal como son, dejemos de ser tan tendientes a juzgar a los demás. Démosle un tono positivo a nuestra conversación y evitemos las críticas negativas.

Hemos de tratarnos unos a otros con ternura y amor. Algunas veces podemos cambiar todo el curso del día de las personas tan solo sonriéndoles, tan solo con escuchar lo que ellas tienen qué decir.

Resolución 3: Perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros

Tenemos que abrir nuestros corazones y abrir nuestras vidas, y mostrarle a la gente el amor de Cristo que nosotros conocemos. Eso es lo que significa compartir nuestra fe. Significa amar a la gente, cuidar de ella, mostrarle misericordia y, sobre todo, perdón.

No perdonamos lo suficiente. Esto daña a nuestras familias. Esto perjudica nuestras relaciones. La gente nos va a hacer daño y nos va a ofender todos los días. Pero permanecer enojados o resentidos no cura nada. Sólo hace que las cosas nos lastimen por más tiempo.

Nuestro Santo Padre Francisco ha dicho: “Jesús nos llama a todos a seguir este camino: ‘Sean misericordiosos, como su Padre celestial es misericordioso’… En silencio, pensemos… en alguna persona con la que estemos molestos, con los que estemos enojados, en alguien que no nos guste. Pensemos en esa persona y… oremos por esta persona y volvámonos misericordiosos con esta persona”.

Esto es un hermoso consejo para nosotros. Entonces, hagamos una resolución, la resolución de perdonar a los demás como Dios nos perdona. ¡Cada vez! ¡Todo el tiempo!

¡Les deseo a todos un año nuevo lleno de bendiciones! ¡Sigamos orando unos por otros en el 2014!

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que nos ayude en este año que viene a crecer en nuestra relación con su Hijo Jesús.VN

El nuevo libro del Arzobispo José H. Gomez, “La inmigración y la América por venir”, está disponible en la tienda de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. (www.olacathedralgifts.com).

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