LAS ESCUELAS CATÓLICAS Y LA VISIÓN “CATÓLICA”

Por Monseñor JOSÉ H. GOMEZ,
Arzobispo de Los Ángeles

24 de enero de 2014

La Iglesia Católica tiene una hermosa visión del mundo. Es la visión que Jesucristo reveló, la visión del mundo según la idea que Dios tuvo al crearlo. El mundo como llegará a ser algún día.

El núcleo de esta visión es la realidad de que cada persona humana es sagrada, creada a imagen de Dios, redimida por Jesucristo según su plan de amor, y destinada a las grandes cosas del reino de Dios.

Nuestras parroquias, organizaciones benéficas, ministerios y escuelas se guían por esa visión. Todos, de maneras diferentes, estamos trabajando para lograr una ciudad de Los Ángeles que refleje y esté realmente al servicio de la dignidad de la persona humana.

Este mes, tuve el honor de ser invitado a dirigir unas palabras a dos organizaciones cívicas: el Ayuntamiento de Los Ángeles y el Club de Rotarios LA5. En estos encuentros me di cuenta de que muchos de nuestros hermanos todavía no conocen todas las buenas obras que la Iglesia hace en nuestras comunidades.

Una de nuestras grandes contribuciones es a través de las escuelas católicas. Como muchos de ustedes saben, la Arquidiócesis de Los Ángeles está a cargo de uno de los sistemas escolares más grandes del estado, atendiendo a cerca de 80,000 estudiantes.

Más de un tercio de nuestros estudiantes provienen de familias que viven por debajo del umbral de pobreza, y muchos de ellos no son católicos. Pero podemos servir a todos ellos por los generosos sacrificios de ustedes y a través de la bondad de los donantes a la Fundación de Educación Católica (CEF) y de la campaña Unidos en Misión.

Nuestras escuelas están creciendo. Tenemos la bendición de contar con un buen liderazgo y un fuerte compromiso por parte de nuestras parroquias, fundaciones y otros asociados. Tenemos planes emocionantes para su crecimiento y la innovación.

Las escuelas católicas son el centro de nuestra visión católica para la ciudad de Los Ángeles. Juntos estamos formando a los futuros líderes de nuestra Iglesia, de nuestra sociedad y nuestra cultura.

Nuestras escuelas católicas son comunidades de aprendizaje que prestan un servicio a nuestras familias y que están comprometidas con la excelencia en la búsqueda del conocimiento y de la virtud. El estudio y la formación humana van de la mano en nuestras escuelas católicas. Estamos educando a “la totalidad” de la persona.

Eso significa que no sólo estamos dando a nuestros niños “información” que les ayudará a entrar a la universidad o al mercado laboral. Eso lo estamos haciendo muy bien. Nuestros índices de graduación y las cifras de ingreso a la universidad son sorprendentes. Pero les estamos dando a nuestros estudiantes algo más valioso todavía. Les estamos enseñando cómo vivir, cómo elegir el camino correcto, y cómo llegar a ser los hombres y mujeres que Dios quiere que sean.

Toda escuela busca desarrollar la inteligencia de los estudiantes, busca ayudarlos a crecer en el conocimiento. Pero más que en conocimiento, hemos de ayudar a nuestros jóvenes a crecer en sabiduría.

Podemos darnos cuenta de que nuestra nación está en un momento de cambio económico, cultural y social. De modo que estamos entrenando a los estudiantes para que puedan estar listos para resolver los problemas y afrontar los retos de lo que algunos llaman “el futuro de Estados Unidos de América”.

Queremos que nuestros estudiantes sean verdaderamente “católicos”, abiertos a la belleza y a la bondad de la creación de Dios; atentos a las necesidades de los demás, y apasionados por buscar lo verdadero y hacer lo correcto.

Nuestras escuelas católicas comprenden que Dios le da a cada persona un “llamado” en la vida. Hemos de buscar que nuestros estudiantes estén preparados para responder a cualquiera que sea la misión que Dios les esté pidiendo que desempeñen en este mundo.

Este es el motivo por el cual la oración y la liturgia son esenciales para la vida de nuestras escuelas. Nuestros jóvenes necesitan sentir la presencia de Jesús en sus vidas. Necesitan saber que él está cerca. Que él es nuestro Amigo y nuestro Hermano en los caminos que recorremos en nuestra vida cotidiana.

A través de los ritmos naturales de la oración que componen la jornada escolar católica, les estamos enseñando a nuestros estudiantes la manera de estar atentos para escuchar la voz de Dios, y la forma de ver las señales de que él está trabajando en nuestro mundo y en nuestras vidas.

Todo se remonta a la visión católica. Estamos preparando a los jóvenes —hombres y mujeres— para una vida de amor y de servicio iluminada por esta visión.

Y pensar en nuestro futuro, ¡me llena de emoción y optimismo!

Entonces, al celebrar la Semana de las Escuelas Católicas, del 26 de enero al 1 de febrero, oremos por todos los jóvenes de nuestras escuelas católicas, para que puedan acercarse cada vez más a Jesús y a su Iglesia. Oremos por todos los bienhechores de nuestras escuelas y por nuestros maestros y administradores.

Y pidámosle a Nuestra Santísima Madre, Trono de la Sabiduría, que ruegue por nosotros para que nuestra Iglesia, como familia de Dios, pueda seguir acompañando a nuestros jóvenes, transmitiéndoles las hermosas verdades y valores de nuestra fe, y alentando a las nuevas generaciones a utilizar sus conocimientos y habilidades para servir a Dios y a los demás. VN

El nuevo libro del Arzobispo José H. Gomez, “La inmigración y la América por venir”, está disponible en la tienda de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. (www.olacathedralgifts.com).

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