LA VIRGEN DE GUADALUPE VISITA CÁRCEL DE MUJERES DE LYNWOOD

LA VIRGEN DE GUADALUPE VISITA CÁRCEL DE MUJERES DE LYNWOOD

Por ALICIA MORANDI

(Referencia: Gonzalo De Vivero, Director de la Oficina de Justicia Restaurativa explica a las reclusas la trascendencia de Nuestra Señora de Guadalupe. Fotografía de VOA).

Como parte de su peregrinación por el Sur de California, la Imagen sagrada de la Morenita recorre las celdas del ‘Century Regional Women Detention Facility’, junto a personal de la Arquidiócesis de Los Ángeles

La Imagen de la Virgen de Guadalupe se abría paso en los pasillos estrechos del Centro de Detención de Mujeres (Century Regional Women Detention Facility) en Lynwood, el domingo 27 de noviembre. Deteniéndose en cada celda a lo largo de dos pisos, Gonzalo De Vivero, Director de la Oficina de Justicia Restaurativa, junto a Mark Padilla, Caballero de Colón, cargaban sobre un soporte con ruedas la copia original de la Imagen de la Guadalupana que se encuentra en la Ciudad de México. Acompañados de algunos guardias y voluntarios de la Arquidiócesis de Los Ángeles llevaban a las reclusas el mensaje de amor, perdón y reconciliación de la Guadalupana. Demostrándoles que ellas son importantes para la Iglesia.

La capellana católica Evelia Ortiz no podía faltar en el grupo. De domingo a jueves ella procura ofrecerle a las reclusas el apoyo, consuelo y la consejería que tanto necesitan. La mayoría espera su visita con ansias porque en Evelia encuentran a alguien que no las juzga.

“Hay mucho dolor, miedo, angustia en ellas, en especial las que están separadas de sus hijos”, comentó. A Ortiz le colaboran algunos voluntarios y sacerdotes. Ella misma comenzó como voluntaria y la labor la atrapó cambiándole la vida.

“Ellas [reclusas] necesitan nuestro apoyo; una oportunidad para hallar su camino. Algunas me dicen que éstas son las únicas visitas que reciben”, dijo Ortiz.

‘ESTAMOS AQUÍ PARA USTEDES’

El grupo se detenía en cada celda por unos minutos, mientras que De Vivero, Padilla y la voluntaria Imelda Bermejo explicaban a las mujeres el encuentro de la Virgen con Juan Diego en el Cerro del Tepeyac, y las invitaban a sumarse a un minuto de silencio para venerar a la Morenita.

“Piensen qué maravilla es tener a una Madre en el Cielo que nos escucha y envía nuestras plegarias a Su hijo Jesucristo. Pídanle a Ella por su intervención”, les decía De Vivero con cordialidad y empatía.

Algunas se asomaban curiosas, unas pocas permanecían adentro en silencio, y otras se emocionaban a medida que escuchaban sobre la aparición de la Virgen ante Juan Diego, el milagro de la rosas y de Su pedido al humilde indígena de que le construyeran un altarcito en el Cerro del Tepeyac, México.

De Vivero las invitaba a un minuto de silencio para sentir Su amor incondicional y convertirla en su Madre celestial. También rezaron el “Ave María”, y para finalizar Bermejo entonaba algunas estrofas de una dulce canción dirigida a Dios.

“Estamos aquí para ustedes”, puntualizó De Vivero, diciéndoles que el Arzobispo José Gomez le había pedido que les comunicara que él reza por ellas cada día, y que hicieran lo mismo por él. “Recemos unos por los otros para que todos podamos salir adelante juntos”, les manifestó el Director de la Oficina de Justicia Restaurativa. Algunas reclusas despedían al grupo aplaudiendo tímidamente u ondeaban sus manos como señal de adiós. Atrás quedaban mujeres, en su mayoría jóvenes, con sus propias historias atrapadas entre puertas metálicas y barras.

‘ELLA ES MADRE, COMO YO’

Rosa María de 29 años es una de las de alrededor de dos mil encarceladas. Hace dos años que entró en prisión; primero estuvo en Orange y luego la trasladaron a este centro. Era masajita, trabajaba también en una óptica, y ahora su enjuiciamiento está en proceso y no sabe cuál será su condena. Muchas están en esa espera porque a veces los procesos judiciales tardan más de la cuenta. Al principio Rosa María sufría fuerte depresiones; todo el día estaba envuelta en una manta, pero la atención y apoyo de la capellana Ortiz y de voluntarios de la Arquidiócesis, la fue ayudando de a poco a superar la crisis.

Con ojos aguados de emoción, relató a VIDA NUEVA que la Imagen peregrina la llena de esperanza y regocijo porque es católica y siente “una conexión especial con la Virgen”.

“Ella es madre, como yo”, dijo, contándonos que tiene tres hijos de entre 2 y 12 años de edad, que ahora están a cargo de familiares y que la visitan cada dos semanas.

“La fe me ha ayudado mucho, y aquí en prisión ha aumentado más. Tomo cursos bíblicos que me llegan por correo y reflexiono mucho sobre cómo ser una mejor persona”. También está completando su diploma de secundaria.

Imelda Bermejo, que además de voluntaria ahora organiza grupos de apoyo para familiares de las reclusas, comenta que varias de estas mujeres están allí por haber cometido delitos menores que al descuidarlos se convirtieron en felonías. Asimismo existen aquellas que cayeron en la cárcel por apoyar actividades delictivas de sus parejas. Si bien los capellanes y voluntarios desconocen la razón por la cual están en prisión, Ortiz comenta que la gama de crímenes va de delitos menos serios a felonías graves, incluyendo algunas condenas de cadena perpetua. VN

SI DESEA SER VOLUNTARIO/A

Interesados en visitar a las reclusas, platicar con ellas y llevarles un mensaje de esperanza, pueden comunicarse con la capellana católica Evelia Ortiz al (323) 568-4598.

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