EL SUICIDIO ASISTIDO: UNA AGRESIÓN CONTRA LA VIDA HUMANA

EL SUICIDIO ASISTIDO: UNA AGRESIÓN CONTRA LA VIDA HUMANA

Recientemente me pronuncié en contra de la injusticia en relación a algunas de la reformas migratorias que se han propuesto y que se están considerando en Washington, D.C. Hoy vuelvo mi atención a otro importante tema moral: la campaña de algunos miembros de la Legislatura para legalizar el suicidio asistido en California.

Esta política pública radicalmente permisiva representa una seria amenaza para nuestros hermanos y hermanas, los enfermos y vulnerables, especialmente para aquéllos que son pobres, para los ancianos, los discapacitados, las minorías, y otros, como los inmigrantes indocumentados, quienes a menudo no tienen acceso a la atención médica.

La legalización del suicidio asistido minaría el bien común.

Los partidarios del suicidio asistido insisten en que “es mi vida, mi muerte, mi opción… yo debo tener la libertad de pedir el suicidio asistido al enfrentar alguna enfermedad incurable o mortal”.

¿Por qué se negaría la sociedad a conceder esta libertad a un paciente desahuciado?

¿Qué de malo tiene autorizar el ejercicio del libre albedrío? ¿Los que se oponen al suicidio asistido son tan sólo personas religiosas empecinadas e intransigentes? En lo absoluto. Nuestra oposición se fundamenta en un entendimiento particular de la responsabilidad personal y social.

La cultura estadounidense valora enormemente la libertad personal y el derecho a la privacidad, por lo tanto, los que apoyan el suicidio asistido en California han empañado cuidadosamente el tema con el disfraz de la libertad personal.

Pero esta perspectiva estrecha, al abordar este asunto, es deficiente y peligrosa. Un compromiso ciego con la libertad personal impide ver otros valores igualmente importantes, como lo son el carácter social de la persona y nuestra interdependencia. Aduciendo la libertad personal, los partidarios del suicidio asistido descuidadamente hacen caso omiso del bien común.

El debate público sobre el suicidio asistido debe abarcar más que nuestro compromiso cultural a la elección individual y a la autodeterminación. Otros valores importantes como la justicia social, la equidad y la dignidad humana no pueden ser ignorados. El bien común debe ser primordial.

¡No existe la libertad absoluta! Cuando enfatizamos excesivamente la autonomía personal, inhabilitamos otros valores fundamentales que deben guiar la aplicación práctica de nuestra libertad. Al reclamar un derecho absoluto a practicar el suicidio asistido, unos cuantos individuos expondrán a muchas personas a otros daños graves, especialmente a aquéllos cuya libertad de actuar independientemente ya peligra debido a la pobreza, la incapacidad, la falta de acceso a la atención médica básica.

Se esperará que nuestros médicos crucen la línea de ser sanadores serviciales para convertirse en cómplices dispuestos a asistir en los suicidios, y el compromiso actual donde se procuran avances en el control del dolor y el tratamiento de la depresión podría empezar a perder fuerza.

No podemos tolerar políticas públicas que celebren una ética individualista, que minen la dignidad humana, amenazando con perpetuar la discriminación social y que corroen la relación del paciente con su médico, al mismo tiempo que distraen de otras iniciativas importantes que tienen el objetivo de mejorar, en lugar de terminar, la vida humana.

Por favor, únanse a mí para proteger la vida humana y el bien común, comunicándoles a sus legisladores estatales en Sacramento qué tan firmemente se oponen a la legalización del suicidio asistido. VN

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