HAY QUE FORMAR CONCIENCIA PARA VOTAR

HAY QUE FORMAR CONCIENCIA PARA VOTAR

Nuestros Obispos de Estados Unidos han escrito para nosotros un documento titulado: “Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles”. Se refiere a que formemos nuestras conciencias en el ejercicio del deber de votar. Aquí encontraremos algunas de las enseñanzas más importantes de este documento. (Los números entre paréntesis les guiarán si desean consultar el documento entero).

Las realidades políticas de nuestra nación nos presentan oportunidades y retos. Somos una nación fundada sobre “la vida, libertad y búsqueda de la felicidad”, aunque el derecho a la vida misma no está totalmente protegido, especialmente en lo que se refiere a los no nacidos, enfermos terminales y ancianos, quienes son los miembros más vulnerables de la familia estadounidense. Estamos llamados a ser constructores de paz en una nación en guerra. Somos un país comprometido a buscar “libertad y justicia para todos”, pero muy a menudo estamos divididos según diferencias de raza, etnia y desigualdad económica. Somos una nación de inmigrantes que lucha por resolver los retos que surgen de los muchos nuevos inmigrantes que hay entre nosotros. (2)

Participar en vida política es obligación moral

Esta declaración pone de relieve el papel de la Iglesia en la formación de la conciencia y responsabilidad moral que le corresponde a cada católico. Los cuatro principios básicos de la doctrina social católica son la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad (Compendio de la doctrina social de la Iglesia, no. 160). (5)

La obligación de la Iglesia de participar en la formación del carácter moral de la sociedad es un requisito de nuestra fe. Es una parte esencial de la misión que hemos recibido de Jesucristo, quien nos ofrece una visión de la vida que nos ha sido revelada en la Sagrada Escritura y la Tradición.

En el centro de estas verdades está el respeto por la dignidad de cada persona. Esta es la esencia de la doctrina moral y social católica. Como somos personas tanto de fe como seres racionales, es apropiado y necesario que llevemos al ámbito público esta verdad esencial acerca de la vida y dignidad humana. Estamos llamados a practicar el mandamiento de Cristo de “que se amen los unos a los otros” (Jn 13:34). También estamos llamados a promover el bienestar de todos, a compartir nuestras bendiciones con los más necesitados, a defender el matrimonio y proteger la vida y dignidad de todos, especialmente de los débiles, vulnerables y los que carecen de voz.

En la Tradición Católica, ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral. “En cada nación, los habitantes desarrollan la dimensión social de sus vidas configurándose como ciudadanos responsables” (Evangelii Gaudium, no. 220) (13).

Construir un mundo más justo

Desafortunadamente, la política en nuestro país puede ser a menudo una lucha entre intereses poderosos, ataques partidarios, frases llamativas y el sensacionalismo de los medios de comunicación. La Iglesia llama a un tipo diferente de participación política: una formada por las convicciones morales de conciencias bien formadas y enfocada en la dignidad de cada ser humano, la búsqueda del bien común y la protección de los débiles y vulnerables. (14).

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho. En todo lo que dice y hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto” (no. 1778) (17).

Tenemos la responsabilidad de discernir cuidadosamente qué políticas públicas son moralmente sólidas. Los católicos pueden elegir diferentes maneras de responder a los problemas sociales imperiosos, pero no podemos alejarnos de nuestra obligación moral de ayudar a construir un mundo más justo y pacífico con medios moralmente aceptables, de forma que el débil y vulnerable sea protegido, y los derechos y dignidad humanas defendidos (20).

El derecho a la vida implica y está ligado a otros derechos humanos, a los bienes fundamentales que toda persona necesita para vivir y desarrollarse plenamente. Todas las cuestiones sobre la vida están conectadas, ya que la erosión del respeto a la vida de cualquier individuo o grupo en una sociedad necesariamente reduce el respeto a todo tipo de vida. El imperativo moral de responder a las necesidades de nuestro prójimo -necesidades básicas como el alimento, la vivienda, el cuidado médico, la educación y un trabajo digno- obliga universalmente a nuestra conciencia y puede ser llevado a cabo legítimamente de diferentes maneras (25).

Católicos afrontan decisiones difíciles

Las decisiones sobre la vida política son complejas y requieren del ejercicio de una conciencia bien formada apoyada en la prudencia. Este ejercicio comienza con una oposición inmediata a las leyes y a otras políticas que violan la vida humana o debilitan su protección. Quienes consciente, deliberada y directamente apoyan políticas públicas o legislaciones que socavan los principios morales fundamentales están cooperando con el mal (31).

Los católicos a menudo afrontan decisiones difíciles sobre cómo votar. Es por esto que es importante hacerlo de acuerdo con una conciencia bien formada que perciba la relación apropiada que existe entre los bienes morales. Un católico no puede votar a favor de un candidato que tome una posición o comportamiento racista, o a favor del aborto provocado, eutanasia, suicidio asistido, sometimiento deliberado de los trabajadores o los pobres a condiciones de vida infrahumanas, la redefinición del matrimonio en formas que violan su significado esencial. Pero al mismo tiempo, un votante no debería justificar una indiferencia o despreocupación de un candidato hacia otras cuestiones morales importantes que atañen a la vida y dignidad humanas (34).

No podemos poner a un lado nuestros principios fundamentales o doctrina moral. Estamos comprometidos a ser claros respecto a nuestra doctrina moral y a comportarnos civilizadamente. En el ámbito público es importante practicar las virtudes de la justicia y la caridad, que son elementos esenciales de nuestra Tradición. Deberíamos trabajar de distintas formas con otras personas para promover nuestros principios morales (60). VN

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